25 de abril de 2010

TURBOCRÓNICAS
El caso de la niña enferma

Tocan a la puerta a la una y pico de la madrugada. Suspendo la corrección de mi mamotreto en turno. Asomo la narizota por la ventana. Veo a un veinteañero de peso gallo y gafas graduadas. Es en lo primero en que me fijo a esa hora, el peso corporal y los ojos. Igual en las manos. Esto de las manos se lo he aprendido a los polis observándolos cómo observan. El muchacho me la extiende a través de los barrotes de la ventana. Se la estrecho. Textura de intelectual. Soy su vecino, dice. Jamás lo he visto.
En una ocasión anterior así empezó el diálogo más o menos a esa hora, y terminó cuando desembolsé doscientos pesos. Ese vecino tenía una señora madre... Acababa de morir y el hijo hacía una colecta. Siempre he sospechado que me chamaqueó. El tipo oscilaba, sin asomo de lágrimas. Pero ¿y qué? En mi pueblo velan con aguardiente y entierran con marimba. La conciencia me quedó tranquila.
Ahora vivimos la crisis número doscientos y pico del capitalismo salvaje. En la bolsa del pantalón palpo una moneda de a diez pesos y la froto. Habría sido un insulto... Pero este caso es diferente. Una hija recién nacida. ¿Es usted médico?, pregunta el muchacho. ¿El viejo truco? Si fuera médico, ¿lo acompaño y cuando camine por un vericueto oscuro de la cerrada de general Anaya el cómplice me aplica la china?
Necesita una responsiva médica para que dejen salir “de la clínica” a su bebé. ¿La clínica? ¿Cuál clínica? Estamos rodeados de escuelas y de una vinatera y de un antro y de un minisúper. El Rey del Taco, a dos cuadras y la Cruz Verde a dos kilómetros al norte. Si la clínica es privada sólo se paga la cuenta y ya. Puede usted llevarse a su enfermita adonde quiera.
En la calle, de una sola cuadra, a la derecha vive una señora dueña de restaurante, a la izquierda un gerente de empresa y enfrente un impresor y un matrimonio y dos muchachos que cenan pizzas cada noche. Oigo la moto, no el cronch cronch. Se lo digo. Alguien me dijo que usted... Nunca me han confundido con médico, pero sí con cualquier judicial o sacaborrachos.
Cuando estoy a punto de contarle quiénes viven en general Anaya, él se despide y dice que le tocará enfrente a los chicos que cenan pizzas. Quizá haya un médico ahí. No, no lo hay. Superconvencido. Son estudiantes. A menos que lo sean de medicina... Algo oscuro se trae, pienso, o dice la verdad y está aturdido. Dejo de frotar la moneda, a salvo en la bolsa.



GARBANZOS DE A LIBRO

Fernando Vallejo
Colombia ya es un país mantenido
como El Salvador y México

Como El Salvador y México, Colombia entró ya a la categoría de país mantenido de los tres o cuatro millones de colombianos que envían divisas desde el extranjero, declaró el escritor Fernando Vallejo. Al publicar su novela “El don de la vida” (Alfaguara), dijo también: “Yo creo que el gran género de la literatura es la novela y el gran tema la vejez, porque “desde la vejez se ve toda la vida humana”. También dijo que ha visto al idioma “derrumbarse, volverse un adefesio incorrecto, feo, perverso, sin expresividad y sin gracia”, tanto en su país como en México, donde vive, y en España y en Argentina. Agregó que se nacía en un país de gramáticos y se le inculcaba el idioma y “era parte de uno mismo y uno lo sentía como el aire que respira”. Lo entrevistaron para Babelia de El País.

LOS GARBANZOS
En una encuesta sobre cómo ser un buen escritor y de cómo derrotar la página en blanco, opinaron Elena Poniatowska: “Es más fácil poner un huevo que escribir. Escribir me cuesta un huevo y la mitad del otro, como si yo tuviera huevos”. Ángeles Mastreta: “Lo único que sé con la claridad del agua es que escritor es quien escribe todos los días, todos los ratos libres y siempre que algo mira...” Enrique Vila-Matas: “Puede ser paradójico pero sólo habiendo leído mucho se puede intentar la aventura de ir en busca de la frescura, del gesto que devuelva al arte la potencia que tuvo al principio”. Arturo Pérez-Reverte: “Creo que todo escritor coherente debe pisar siempre el mismo territorio e ir desarrollándolo con los años... Desconfío del autor que cambia de territorio o que no lo deja claro en sus libros”. La encuesta la hizo Babelia, de El País... “Hugo Chávez ha monopolizado la conversación, su dictadura es mental”, declaró el hispano-argentino Andrés Neuman, que acaba de ganar el Premio de la Crítica con su libro “El viajero del siglo” que ganó el Premio Alfaguara en el 2009. Pronto aparecerá “Cómo viajar sin ver”, una radiografía sobre América Latina, que escribió mientras promovía su novela por 20 países... La Brigada Cultural Para Leer en Libertad y la Delegación Coyoacán organizaron del 21 al 25 de abril el IV Remate de Libros en la Alameda del Sur, con volúmenes cuyo costo iban de 5 a 60 pesos. Se recibieron libros donados para la creación de bibliotecas en zonas marginales y castigadas por las crisis económicas e inundaciones. La Brigada está a cargo de Paloma Saiz Tejero y Paco Ignacio Taibo II.

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