A Carballo:
Alguien le dijo: Usted tiene un parecido a un príncipe lacandon...
Marco Aurelio Carballo, dedica toda su vida a la prensa. Puede decirse que no tiene otro mundo en el universo global de las letras que el de los periódicos y la literatura, ni otros amigos mejores, más leales, perdurables que sus autores favoritos, sus obras y colaboradores que de forma espontánea absolutamente natural acabamos siempre convertidos en sus discípulos.
Y desde luego es mi maestro, probablemente el único verdadero que he tenido en este oficio, pero no solo en éste sino antes que nada en la escuela de la vida.
Desde hace 35 años que comenzamos a trabajar juntos. Hasta esta fecha Carballo ha sido mi redactor,jefe, director, mi consejero más eficaz, aquel de cuyo criterio uno siempre podía fiarse y de cuyo ejemplo uno nunca terminaba de aprender.
Él y yo sabíamos que los vínculos que nos mantienen son mucho más fuerte de lo que aparentáramos...
pero pese a ser muy visible nuestra amistad son también muy visibles nuestras separaciones por meses, siempre fueron tonterías y quizá debido a neurosis infantiles por las que nos "sentíamos". Pero siempre acabábamos de nuevo hablando de la vida.
Quizás Plexus, su nombre de guerra en internet, MAC su firma, gracia expresiva contra su sobriedad y brindis a su invisible e invencible timidez contra mi invencible extroversión y En el fondo quién sabe si cierto compartido egoísmo emocional también nunca nos permitieron efusiones mayores que escenificaran la complejidad absoluta que nos une.
En realidad casi todo lo que sé de periodismo lo aprendí de ellos - los aquí presentes - a su apoyo, a la tutela de Marco Aurelio más que al de ningún otro. El perseverar en esta profesión tan entrañable como canalla durante más de 50 años se dice fácil, suficiente para un homenaje tan merecido como el de hoy y porque a él si no le debemos todo, si mucho.
Carballo, tienes las condiciones necesarias: sabes delegar, escuchar más y mejor que nadie, valorar también el silencio y sobretodo en las redacciones por la inmediatez de nuestro trabajo - en cuyo manejo eres todo un artista Diluías tus ambiciones personales en la dinámica de los equipos que dirigías, a quien siempre atribuías los éxitos conseguidos y de quien nunca dejaste de asumir los fracasos, pese a no ser personalmente responsable de los mismos.
No te gustan los pavorreales en esta profesión, en nuestro oficio, aquéllos que se creen reyes o dioses o más importantes que las personas que iban entrevistas.
Tienes entre sus armas un código ético invencible, además que siempre has sido un buscador de la verdad y decías: si tu madre te dijo que te quiere, buscar la verdad, verifícalo.
Yo después de eso lo hice e intenté matarla y fallé así q mejor escribí una novela.
Pero hoy es homenaje al gran reportero, buena persona y amigo único con quien compruebo que nuestro oficio se distingue de otros géneros, primero por citar fuente y luego por dudar de la fuente.
Porque las fuentes no son siempre seguras ni firmes, hay que dudar de ellas porque buscan algo que no es informar.
Alguien me dijo antes del viaje:
"Cafecito en el Soconusco", es el nombre impublicable de la crónica que jamàs verá la luz, sobre ese viaje de mis agradecidos amigos viejitos para "honrar" --con morbosa anticipación-- la memoria de quien aún respira, ojalá q por varios años más porque lo único q espero es que Carballo sea quien escriba mi crónica. Nadie mejor que Él.
Porque yo vengo aquí sólo por que me gustan los tamales chiapanecos y el café del soconusco.
Asi q he venido hasta acá por los tamales, por el café, para decirle a MAC lo que ya sabe y para escuchar al docto Cardona y al docto Miguel como honran -con la palabra que tanto y tan bien se les da-- al amigo, como al hermano Marco Aurelio la palabra escrita. Y hoy le digo usted tiene ahora parecido con un rey lacandon. Gracias MAC
Saludos.
GIR.
MAC publica cada semana tres columnas. "Turbocrónicas" es una crónica sobre sucesos de los cuales él es testigo. "Garbanzos de a libro" trata de escritores y libros y "Figuras de la semana" es un recuento informativo semanal de las actividades de personajes de la cultura, el espectáculo y de la sociedad en general, incluidos hasta los políticos.
3 de diciembre de 2013
El Cristalazo de Rafael Cardona
2dic13cronica
EL CRISTALAZO
Los polvos de Tapachula
RAFAEL CARDONA
Quizá los ardientes polvazales de la segunda calle ya se ha dispersado en los vientos del tiempo. A lo mejor ya no queda nada.
Posiblemente de ellos sólo valga el recuerdo de un niño repartidor de revistas en el Barrio Nuevo de la ciudad de Tapachula cuando era más Tapachula y menos ciudad, hace ya cosa de medio siglo y tanto más, pero el hecho es muy simple, las arenas han renacido en la prosa de un novelista empecinado en su propia nube literaria, pues no es la escritura cráter ni cumbre sino camino, destino y rumbo.
El caso ahora es simple.
Marco Aurelio Carballo no camina más por los polvorientos senderos de la ciudad como lo hacía cuando llevaba el “Chamaco chico” a la puerta de la daifas de los lupanares rociados con agua del Coatán, pues este hombre en cuya cabeza luce un sombrero de paja tejida por sabias manos panameñas recibe hoy en la plaza central Miguel Hidalgo --donde la estulticia imitativa quiere a fuerza hacer funcionar una pista de hielo bajo la brasa celestial, del calorón del Soconusco— el homenaje de sus paisanos con lo cual la máxima de la imposibilidad de los profetas para serlo en su tierra se viene abajo como si de la palmera se cayera un coco.
A Carballo lo reconocen por una docena de novelas cuyo título específico es de mamotretos, pues así bautiza el autor a sus producciones, en las cuales pone, sin embargo y en contra de ese aparente desgaire, horas y horas de paciente reflexión, revisión y reestructura, hasta lograr ese tono veloz, sarcástico, con profundidades de humorismo sin empeño ni facilidad. Novelas fruto del trabajo, en las cuales solo mandan el rigor de la escritura y la paciencia del gusto por ejercerla.
Mas hete aquí un detalle horrible. Carballo leva ya muchos meses en una pelea profunda contra el cáncer. Le han trepanado y bombardeado con las explosivas mezclas de radicaciones y terapias químicas, lo cual sin embargo no ha logrado mermar ni su vocación, ni su buen talante, ni su tradicional “neura” ni su gusto intenso por la vida y las cosas buenas, como la cercanía de Patricia y el acompañamiento amoroso de sus hijos Bruno y Mario.
Pero en la plaza Miguel Hidalgo, como parte del festival Fray Matías de Córdova, han puesto un sillón como de sala de espera y ahí --junto a las bocinas y los reflectores de una estructura llanada “La media luna”, cuya desproporcionada contundencia ha afeado en extremo la antigua plaza--, le han pedido al autor (acompañado de Guillermo Ibarra y este redactor) unas palabras en ocasión de su reconocimiento, y él ha leído algunas de sus “Turbocrónicas”. Dijo cosas como estas:
“Queridos parientes y amigos: el doctor Rodea, de oncología del IMSS, informó, les cuento, el martes 8 de octubre de que pasé del cuarto ciclo al quinto en el tratamiento a base de quimioterapia. Después de 35 sesiones de rayos atómicos de la radioterapia, serán seis ciclos de quimio, en principio. Empecé el quinto ciclo el miércoles 9 de octubre. Cinco cápsulas de temozolamida, un total de 260 miligramos diarios durante 5 días. Descanso 25 días del mes. Y valoran si aguanto otro.
“El viernes 11 de octubre me hicieron una resonancia magnética para determinar, el 15 de octubre, si el tumor se fue mucho pal carajo. Eso me lo informaría la doctora Bárbara Nettel. Ella me operó el 23 de enero del 2013. La doctora ordenó ese otro estudio para el 4 de diciembre de este 2013. Cualquier cosa que signifique eso. Ella es originaria de Tapachula, Chiapas y una prima hermana suya escribe cuentos y ha ganado premios internacionales. Grandiosas señales, ¿eh?
“La doctora Nettel dijo que el tumor medía siete punto once centímetros de largo, cinco punto cincuenta y seis de alto y cinco punto cuarenta y uno de ancho. Pregunté su forma. Elipsoidal, dijo. Esa forma, ¿la remitía a cosa conocida? Puso en la pantalla de su compu imágenes de la resonancia magnética pero no les hallé parecido a nada.
“Le pregunté a la princesa Petunia Flowers: “Parece una chirimoya”, dijo ella, pregunté a qué se parecía la chirimoya. A una guanábana, dijo, o a una piña… En todo caso guanábana o piña fea, dije. Las más feas vistas en mi vida. Cabeza hueca (o sea, yo) no consiguió el peso del tumor… ¿Para qué? Para saber cuántos gramos de sesera le había robado el mal”.
Ahora todo eso ya queda en la memoria como las polvosa memoria de aquella calle infernal.
Lo mejor del homenaje, quizá, fue la alegre recepción de los parroquianos de “La mesa redonda”, honorable taberna de botanas indescriptibles (su dueño –Paco Solares-- condimenta con zumo de zanahoria la carne de los tacos dorados y esparce polvos de mágica canela, pero se rehúsa a revelar el secreto del caldo de camarón), cuyos muros están todos cubiertos con cuadros y placas y fotografías de las muchas sesiones de festejo en las cuales Marco Aurelio (acompañado a veces por su amigo, Rafael Ramírez Heredia) presentaba sus novelas o reunían a sus discípulos de los muchos talleres de literatura a los cuales acudía generoso para prodigar consejos y recomendaciones a los aspirantes a narradores y novelistas, cuentistas y demás.
Hoy “La mesa redonda” tiene un cuadro más: el diploma del sábado pasado. La vera efigie de Fray Matías de Córdova junto al retrato enorme de Carballo, con su sonrisa de medio lado, con su mirada profunda, con su alma enorme, con el cariño de tantos de nosotros.
--o---
27 de noviembre de 2013
Fragmento 9
TURBOCRÓNICAS
FRAGMENTO 9
de “El último protomacho, creativo y perfeccionista, en el país de las
colas sin fin y las narices de mango”, novela
de
MARCO
AURELIO CARBALLO (MAC)
Mamá se puso el doble de triste cuando abandoné la
prepa. Me hubiera preferido de profesora no de secretaria. Yo pensé “trabajo de
secre y estudio la prepa”. ¿Para qué trabajar si ella podía sostener la casa?,
preguntaba. Lo importante era una carrera. Pero ¿de qué hubiera servido? ¿Para
su contento, lic? Yo habría abandonado cualquier profesión y me hubiera
dedicado a escribir. Así como iba a dejar de ser la sexi-servidora de Papito Leo,
je je, en cuanto su aburrimiento llegara al límite. Estudiar una carrera
significaba atrasar el cumplimiento de ni vocación.
A Papito Leo ni se le ocurrió
sugerirme qué estudiar. A la Rott, mi jefa, no se lo permitieron, ni su novio o
novios ni su padre. ¡Jolines!, mascullaba, dándose un palmetazo en la mano
izquierda con la derecha. Es el colmo negarte la misma preparación del macho en
pleno siglo veintiuno. A su padre le copió el batir de palmas, admitió.
Estudié prepa sin idea de mi
destino, lic... Profesora no, alumna de Papito Leo menos. Tampoco filosofía y
letras nos hace ricas. ¿Me entiende,? Perdón.
De casada conseguí
ensimismarme durante los regaños o lecciones de vida de Papito Leo, al hartarme
de escribir sus ocurrencias. No cesaba su ay, que sí, que no, que tú, que yo,
que blablablá, sin importarle mi ausencia mental. No lo aguanté y le di, bien
dada, la espalda. Me ponía a lavar platos de cara a la pared cuando empezaba
con su chiqui, chiqui, chiqui, Pude haberle dicho dale clases a tus hijas no a
mí, pero ¿y si me toma la palabra y les echo a perder la niñez?
Mamá tuvo la vocación de
maestra. Pero yo no. Fue suficiente ayudar a mis hijas en sus tareas. Se
necesita una vida externa para plantarse ante los alumnos y la mía es interna. Para
aprender todo, pero todo, de los seres humanos, he vivido confinada en mi
mente… ¿Lo habrá dicho ya antes alguien más? Sin dudas.
20 de noviembre de 2013
FRAGMENTO 7
TURBOCRÓNICAS
MARCO AURELIO CARBALLO (MAC)
FRAGMENTO 7, de “El último Protomacho, Creativo
y Perfeccionista en el País de las Colas sin fin y Narices de Mango”, novela de
MAC
¿Qué gustos comunes tenía con Leo, lic?... Él
preguntaba por lo útil de la literatura. Fuera de sus códigos, nada le era útil...
Dirigía la pregunta a su alter ego, a su otro yo. “No sirve ni para limpiarse
el trasero”, decía, insistente, el patán, resentido porque se le dificultó leer
Cien años de soledad… así manifestaba
rencor y venganza contra quienes los disfrutaban.
¿Debió agradecer que no lo
retara a leer Ulises, de Joyce? Pude
recordarle a Salgari y a Verne. No me importó. Aunque yo no dudaba de la
utilidad de la literatura, iba a armar una
defensa sin resquicios, a través de los cuales, Papito Leo colara sus nocivos
argumentos. Julio Verne contribuyó al invento del submarino y a la conquista de
la luna, le habría dicho. Un profesor citó la hazaña de Robinson Crusoe para
explicar un fenómeno económico.
Soy como ciertos jugadores de
beis, lic. Juego apasionada, pero me aburre ver partidos.
Como debía acatar órdenes, no
dar clases a Papito Leo, me contuve. Es que él acomodaba, revolvía, y aderezaba
con sus corrosivos efluvios mentales cuanto leía, para arrojarme el amasijo.
Le había escuchado que el
viaje a la luna jamás, nunca, se hizo. El Pentágono montó un video al nivel del
inculto y bobalicón telespectador gringo. “Veinte de julio del sesenta y nueve”,
dijo Leo. “Todo mundo apendejado ante el televisor viendo la dizque hazaña”.
¡Coño!, gritó el tío Clemente. ¡Qué chingones somos!... ¿Somos, güey?, debí
preguntarle. También tus primos, maestro... dijo el Trepamoders. Éramos
adolescentes, dijo Leo, y aún no reparaba en cuán regüeyes eran mis primos. Yo
quería ser albañil y ellos ¡astronautas! Sí, sí, sí, lic. Papito leo, albañil.
Luego le cuento. Sus compañeros callaron. Carecían de información. Leo los
aventajaba como leeperiódicos. Sus colegas atendían lo ligado a la profesión.
Mientras hojeaban expedientes veían de reojo noticiarios, o escuchaban la radio.
13 de noviembre de 2013
FRAGMENTO 6
Turbocrónicas
FRAGMENTO 6 (PUBLICADO EN LA PRENSA EL
14 DE NOVIEMBRE del 2013) de “El último
Protomacho, Creativo y Perfeccionista en el País de las Colas sin fin y las
Narices de Mango”, novela de MAC
Papito Leo me agarró bien
mensa, lic. A él le quedó el síndrome del profesor porque me dio lecciones de
vida a diario… Ya era abogado cuando daba clases, de ética en la prepa, y de
civismo en una secundaria. Me llevaba diez años. Yo iba para letras. Quiso lavarme
el cerebro con el sobado vaticinio de que moriría de hambre de escritora y dos
veces de poeta. Como si al poeta le importara morir. Como si no muriera al
escribir, desgarrado, cada poema.
¿Un ejemplo
de lo mensa que era yo, pero no tanto? Bien. Cierta noche insinuó que yo podía
ser parte de una orquesta. Él estaba echado en la cama con un brazo detrás de
la cabeza, el periódico sobre la barriga, en espera de mi bailecito. Porque yo
le bailaba desnuda, licenciado, o eso creía él o le valía un diputado matraca, expresión
suya, que sólo me paseara... Acabábamos de cenar y estaba ebrio. y fingía
meneársela, o hacer como que/, para escandalizarme. El Asqueroso…
¿En una orquesta?, pregunté.
¿De pianista? No, con el violonchelo. ¿Y eso? Pensándolo bien sin orquesta,
dijo. ¿Por fin?... Me estremecí. Había sentido un supuesto aire colado, como le
llaman. Sí, solo para mí, dijo. Aquí donde estoy yo y tú enfrente. ¿Qué
tocaría?, pregunté. Eso vale madre, Rous. No entiendo. No entiendas, nomás
obedece, dijo. Llevarías un vestido como el que traes… y, desde luego, con tus
zapatillas rojas. Sin darle detalles, lic, mi vestido era color azul oscuro de
algodón hindú, comprado en un tianguis. De segunda mano, sospecho. ¿Y?
pregunté. Te acercarías el violonchelo, y abrirías las piernas y te abanicarías,
suavemente, con el vestido. Degenerado.
No, falta, dijo. ¿Ah sí? Sin calzones, agregó y le arrojé el vestido a la cara al cretino.
6 de noviembre de 2013
LOS NUEVOS PERIODISTAS
TURBOCRÓNICAS
LOS NUEVOS PERIODISTAS
MARCO AURELIO CARBALLO (MAC)
Así que por mi neurosis las horas siguen de 60 minutos
y los días de 24 horas. Selecciono con rigor lecturas y películas. Dejé los
tres pálidos jaiboles diarios. ¿Mi premio? Neurosis, in crescendo, diría el
mamón, pertenezca a la etnia mame o no pertenezca. No obstante la neurosis, o
justo por eso, al quimioterapiado lo acosan los temas.
El colmo fue enterarme de la
muerte del querido amigo y colega Raúl Torres Barrón. Me neuroticé porque a
fines del siglo veinte existía el mito en el gremio de que la gente palmaba de
tres en tres si era del mismo gremio. así que, dije ¡sigo yo! A causa del orden
alfabético siempre estoy entre los primeros de la lista. Sentí descargas
vitriólicas de neurosis, a causa de mis trabajos inconclusos. Metido en la
revisión del undécimo mamotreto, antes de que me trepanaran, el tumor
creciendo, escribí la primera versión del duodécimo con el título provisional
de “Diosas de radiante pubis”. Falta
pulirlo y barnizarlo un año. El texto… A punto de escribir la turbo “Tribulaciones
de un cabeza hueca” me asaltó la idea del mamotreto 13, quizá no una novela y
sí un mamotreto de trescientas a quinientas páginas, la recopilación,
seleccionada de modo riguroso, de mis crónicas y turbocrónicas. Me llegó idea y
título: “Los nuevos periodistas”.
Y ¿qué creen? ¡Ring!, ¡ring!,
¡ring! Mis hermanos María Eugenia y el menor, el “shunco”, Enrique el
Húngaro querían confirmar si yo estaba moribundo. Enrique pertenece a mi etnia.
Húngaro es un sobrenombre de cuando él jugaba futbol. Efectivo y elegante,
dicen. Así conocí mi estado de salud. Inoportunos, porque no decido aún mi
epitafio: “¿No que no?” “Por fin libre” y “Disculpen si no me levanto”, mi
preferido, de Groucho, Marx, epitafio manoseado por sus admiradores. Luego
hablaron amigos. ¿Contestaba o pensaba en la estructura del nuevo mamotreto.
Ganó mi vocación, obsesión. Destino, según Borges.
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