18 de abril de 2012

TURBOCRÓNICAS



El temblor va llegando…
La cosa está del carambas, amigo Raúl, porque pretenden sodomizarnos con la inflación y con la saña innecesaria del fisco y, para acabarla de amolar, tiembla. Hay un grupo burocrático antisismos con sensores en las costas de Oaxaca y de Guerrero. ¿Y si el epicentro está más al sur o más al norte…? En Michoacán no han  podido colocarlos porque asaltan al “personal de la UNAM”, dijo el jefe de ese grupo, o lo amagan con armas de fuego o les propina “una golpiza”. Si tiembla y los sensores están descompuestos, como ha ocurrido, nos amolamos. El gobierno local transmitirá la alarma por medio de un servicio a celulares y de casi dos mil altavoces, propuesta aceptada cinco años después de hecha. Si yo pago otro servicio, como lo pagan millones, ¿qué? ¿Dónde queda el altavoz más próximo a casa? Y los habitantes tierra adentro de Chiapas, Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Sonora, ¿qué?
El viernes 13 de abril trato de dormir la última hora con la tv encendida por razones que un día te contaré. Entonces el locutor anuncia la alarma antisísmica. Abro los ojos y las orejas. La alarma sigue, dice con su cara de palo (Yo la tengo de fierro). Quienes te vemos y escuchamos, me digo, también la oímos y quién sabe cuánto dura porque el informe te lo guardas. Si ves otro canal o escuchas el radio, ¿la oyes? Yo estoy aferrado al colchón en espera de la sacudida porque está a punto de llegar... Viene por Taxco, me digo, por Chilpancingo, por Xochimilco... Pero en Coyoacán no siento nada. Fue de 5 grados, te enteras, y hubo antes otro de 5.2.
La alarma cesa y el locutor lo dice… Obviedades. Sin lo elemental: Tiene tantos segundos para tomar sus documentos y la lana de bajo del colchón, y buscar un sitio seguro. Tampoco informa  si la alarma cesa cuando cesa el temblor a seiscientos km del DF, en la costa, lo cual no denota que también en el altiplano porque aquí­ empezó equis número de segundos después. ¿Me explico? Una lámpara a su izquierda, informa, se mueve menos que la de su derecha. Él ve de reojo y hacia arriba, sin menear otro músculo de la cara, uno, aparte de los ojos. Como si al menear el nervio trigémino en sus rígidos cachetes incrementara la magnitud del temblor o provocara una grieta en la tierra... Fue mi primera experiencia con la alarma.
Sudando la neurosis, Raúl, me bañé y anduve el día entero como menso por la falta de una hora de sueño.


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