7 de enero de 2014

FRAGMENTO 14

Turbocrónicas

FRAGMENTO 14
de “El último protomacho, creativo y perfeccionista, en el país de las colas sin fin y las narices de mango”, novela  de
MARCO AURELIO CARBALLO (MAC)

Después de vivir en las colonias Portales y Narvarte, Leo ambicionaba mudarse a las Lomas sin pasar por las colonias Del Valle o la Nápoles. Quería mudarse de casa, de clase social y de vieja. Cambiar de vieja cada tres años, digamos, como quien actualiza el modelo de  su automóvil.
Estas ambiciones, ¿tenían qué ver con el propósito de empezar a escribir por fin su libro? Porque él también quería escribir, y voluminosos tratados, no ensayos. ¿Ya le conté?… A veces abordaba el tema, sin aportar mayores detalles. No por discreto. No porque se lo interpretaran como alarde ostentoso de su talento de escritor ensayista.  “Avancemos”, dijo, “mientras podamos, mientras llegamos a nuestro límite”, dijo. “Porque yo todavía tengo camino por recorrer… Aunque los bárbaros ya están aquí. Bien pujantes, impertinentes los Igualados y Abusivos.” ¿De qué hablas?, le pregunté. “De los mercaderes ambulantes”, respondió. “Clasemedieros que torean al fisco y se entrenan con los inspectores y con la policía juanetuda y de pies planos”. Dales oportunidad, dije por decir. “No la necesitan los culéis. Vienen muy cabrones”, dijo Leo. “Ya invadieron los Sanborns, chancludos y en calzones”.
La jungla del asfalto, seguí hablando por hablar. ¿En qué te afectan?
No descarté el plan de que Leo pensara comprarle a su amante un palacete. Pero el segundo frente me decepcionó, lic. Quién sabe por qué una es así. Lo digo porque si ella tuviera estudios universitarios y fuera guapa y rica, sentiría menos rencor…
No, lic, Leo rehusó casarse por la iglesia y yo también. Mas recelé. No porque yo deseara casarme de blanco, sino porque detesto las mentiras. “Casarnos por la iglesia impedirá mi ingreso a la masonería”, dijo él. No es un impedimento, ¿verdad, lic?

Las organizaciones y la gente gregaria me tienen sin cuidado.

31 de diciembre de 2013

FRAGMENTO 13

Turbocrónicas
FRAGMENTO 13 de “El último protomacho, creativo y perfeccionista, en el país de las colas sin fin y las narices de mango”, novela  de
MARCO AURELIO CARBALLO (MAC)

Mi mami anhelaba, pues, verme de universitaria, lic, no de casada. Prefería mantenerme a ser yo la mantenida. Mas lo fui y a cambio le tuve a Leo sus mojarras y le compré su ron y pecsis y lavé sus trusas. Pobrecita de mi mami, pues mis tareas no terminaban ahí. Le faltó enterarse de mi paseo desnuda. Criada y teibolera en casa sin que su yerno encajara nunca jamás un billete en mis chones... Ella era intuitiva y presintió mi desgracia. Así que le prometí que esperaría para tener hijos, una vez convencida yo de que… ¿de qué?, ¿del amor de Leo?, ¿de que ya no iba a llamarme fundillona?
Quiero tener nietos, dijo mi madre. Eres mi gran preocupación, pero si tienes hijos quizá ellos te desplacen.
Lo decía para estimularme a engendrarlos fuera quien fuera el padre, quise creer. Pobrecita, porque la profesora Natalia Ruiz Ruiz no conoció a sus nietas y no me hubieran desplazado. Mi madre iba a tener siempre un rinconcito para mí. Ay, lic, qué cursi.
Resultó fácil convencer a Leo de que esperáramos el encargo de nuestros hijos. De ninguna otra cosa logré persuadirlo durante algo así como un cuarto de siglo, ¿ajá? Esperemos la casa, le dije, y el inicio de tu carrera política. Mira nomás, Petacona, dijo él, debo reconocer que eres media lista. ¿Media?… Estábamos en La Mansión. Él pedía vísceras y papas a la francesa y yo lomo jerez y ensalada de lechuga. Él media docena de cubas. Yo, limonada. Él, café, coñac doble y ate con queso. Yo, café. Si le robaba una de las seis porciones del postre, él pedía, otra orden.

Aunque Leo era quien trazaba los planes, le aporté la idea de aplazar la llegada de los hijos y le permití abrir un compás de espera, como dicen, mientras se le definía el porvenir. Su plan era avanzar de este a oeste, de la Narvarte a las Lomas, trepando deprisa las escalas sociales. No al nivel del Trepa, clase media media, sino de la gran burguesía. Fundir en su persona el poder político y el económico, ¿ajá?

25 de diciembre de 2013

Fragmento 12

Turbocrónicas
FRAGMENTO 12 de “El último protomacho, creativo y perfeccionista, en el país de las colas sin fin y las narices de mango”, novela  de
MARCO AURELIO CARBALLO (MAC)

Desde el momento en que la Rott, mi jefa, aprendió a darse cuenta de que un libro era denso, aburrido, desde el primer párrafo, desde la primera frase, temió estar saturándose de lecturas demasiado serias, dijo. Es decir, aburridas, desprovistas de la profundidad pretendida por el autor y de la nitidez necesaria. No quería ser como ellos. Cometer el peor crimen del escritor, aburrir. Un crimen impune debido a la cantidad de cómplices con  los cuales contaba a lo largo del proceso. “Incluso aprendió a descubrir al autor aburrido desde el título”, presumía, batiendo la palma de las manos, como en un seco aplauso.  “Desde ahí me las huelo”, dijo. “Entre más profundos pretenden ser más fallidos o pretenciosos resultan los títulos de los escritores autoerigidos en genios, la mayoría. El segundo crimen era no entenderles, releer dos tres veces una frase. A veces muchas más y abandonarlo sin haberlo entendido, y el tercero y no menos importante, es la falta de cohesión, de unidad, esto es, los cabos sueltos esparcidos a lo largo del texto.  

Aunque para dictaminar originales y pedir su publicación, o vetarlo careciera de voz y voto, la Rott ejercía un pequeño poder en la supresión de erratas y de errores. ¿Dónde y con quién iba a ejercer su innata voz de mando si debía consultar a los autores toda modificación por diminuta que fuera o y sin aparente importancia?, el cambio de lugar de una coma o la sustitución de un punto y coma por un punto y seguido, y atenerse a las opiniones del autor, acataran o no las correcciones de ella. Un mando disminuido, menor, pero irrenunciable y, al contrario, disfrutable a plenitud y con suprema delectación. El triunfo del corrector sobre el autor, un narcisista sediento de admiración y de fama. de lectores aplaudiéndole como focas, diría el talentoso Rafael Cardona.

11 de diciembre de 2013

FRAGMENTO 10

TURBOCRÓNICAS
FRAGMENTO 10
de “El último protomacho, creativo y perfeccionista, en el país de las colas sin fin y las narices de mango”, novela  de

MARCO AURELIO CARBALLO (MAC)

Caso raro fue el Trepamadres, a quien le hubiera gustado poseer un billar. Ex coime, sin necesidad de empleo, de padre rico, habría seguido por ese camino, si no cae en la correccional… Se recibió de abogado por Papito Leo. ¿Cuántos lerdos trabajan agüevados en profesiones diversas? dijo Leo. Estorban y provocan el desempleo a quienes tienen vocación y voluntad genuinas. En el arte buscan fama o chamba por la chamba misma.
Los clasemedieros, lic, ambicionan casa en Cuernavaca y buscan habitaciones de tiempo compartido en la playa, y los hijos casa en colonias de nuevos ricos… Eso lo digo yo y, al decirlo, me parezco, sospecho, a Leo y a nuestra vecina, la Gandini. Ella Nos trataba como analfabetos recién llegados al DF desde la pampa mexicana, y él como recién llegados a su galaxia.…
Los padres clasemedieros, lic, mueren por tener profesionista en cada hijo, ambiciosos o no. Como si bastara desearlo o aportar el dinero con o sin sacrificios. Como si el hijo no necesitara vocación o sueños a realizar. “Excepto mi madre”, quisiera decir. Mentiría.
El rico tiene el mal gusto de ostentar sus posesiones, dijo Papito Leo, aferrado a su cuba, y el pobre lloriquear su jodidencia. Sólo el rico avaro y mezquino, oculta su riqueza. El rico, cínico y el pobre incapaz de asumir, digno, la pobreza. Quejicosos y pedigüeños creen ser los únicos acorralados y suponen a la humanidad obligada a resolvérselos.
¿Por qué el discurso de  Papito Leo? Quién sabe. Leía el periódico y yo una novela. Aguardé en silencio.
Pero no dijo más.




4 de diciembre de 2013

LA MUSA REDONDA

TURBOCRÓNICA
LA MUSA REDONDA
MARCO AURELIO CARBALLO



Estimado Óscar Palacios: Solo para agradecerte la organización de mi “numerito” del Festival Fray Matías de Córdova efectuado en la Tierruca. Todo bien. Reiteré mis dudas de que los homenajes sean en vida. Me convencía, en sentido contrario,  el argumento según el cual, ya RIP, el interfecto carece de oportunidad para traicionar sus ideales o ideario estético. También aproveché para: Primero, que mis amigos no me den por muerto… todavía…, como corrió el rumor, y, segundo, para agradecerles su empeño en hacerme profeta en mi tierra. Con el riesgo de omitir a alguien, ellos son: Ricardo Ortega Camberos, Ricardo del Muro, Mario Ruiz Redondo, Omar Escamilla, Enrique García Cuéllar, Gustavo Gonzalí Mayoral, Alberto Carbot, Julio Derbez del Pino. quienes han publicado allá mis textos en periódicos a su cargo.
Te informo que ya acepté colocar el diploma de mi participación en el Festival, en un muro de La Mesa Redonda. Como tú sabes, nuestro amigo Gerardo Pensamiento creó la Fundación Cultural Soconusco y no sólo presentó libros, sino convirtió la cervecería de don Pablo Solares, ahora de su hijo Francisco,  en un santuario artístico. Con el primer libro, “La novela de Betoven”, cuentos de mi alter ego MAC, las puertas quedaron abiertas para las mujeres. Ellas entraban pues iban por cervezas y botana para sus respectivos maridos, o esperaban afuera, mientras ellos bebían y botaneaban.
Para mí y para un grupo de parroquianos, la Mesa fue un santuario artístico, donde leías y organizabas tertulias civilizadas de intercambio artístico. En lo personal, ahí se me ocurrieron relatos y crónicas y turbocrónicas. Es decir, para mí era y sigue siendo “La Musa Redonda” y por eso cedí para sus muros aquel diploma, que se agregará a las placas tanto de mis libros presentados ahí como de los presentados por otros colegas. Saludos y abrazos y mi agradecimiento para ti y para el director general de Coneculta-Chiapas, Juan Carlos Cal y Mayor.