13 de noviembre de 2013

FRAGMENTO 6

Turbocrónicas
FRAGMENTO 6 (PUBLICADO EN LA PRENSA EL 14  DE NOVIEMBRE del 2013) de “El último Protomacho, Creativo y Perfeccionista en el País de las Colas sin fin y las Narices de Mango”, novela de MAC

Papito Leo me agarró bien mensa, lic. A él le quedó el síndrome del profesor porque me dio lecciones de vida a diario… Ya era abogado cuando daba clases, de ética en la prepa, y de civismo en una secundaria. Me llevaba diez años. Yo iba para letras. Quiso lavarme el cerebro con el sobado vaticinio de que moriría de hambre de escritora y dos veces de poeta. Como si al poeta le importara morir. Como si no muriera al escribir, desgarrado,  cada poema.
¿Un ejemplo de lo mensa que era yo, pero no tanto? Bien. Cierta noche insinuó que yo podía ser parte de una orquesta. Él estaba echado en la cama con un brazo detrás de la cabeza, el periódico sobre la barriga, en espera de mi bailecito. Porque yo le bailaba desnuda, licenciado, o eso creía él o le valía un diputado matraca, expresión suya, que sólo me paseara... Acabábamos de cenar y estaba ebrio. y fingía meneársela, o hacer como que/, para escandalizarme. El Asqueroso…
¿En una orquesta?, pregunté. ¿De pianista? No, con el violonchelo. ¿Y eso? Pensándolo bien sin orquesta, dijo. ¿Por fin?... Me estremecí. Había sentido un supuesto aire colado, como le llaman. Sí, solo para mí, dijo. Aquí donde estoy yo y tú enfrente. ¿Qué tocaría?, pregunté. Eso vale madre, Rous. No entiendo. No entiendas, nomás obedece, dijo. Llevarías un vestido como el que traes… y, desde luego, con tus zapatillas rojas. Sin darle detalles, lic, mi vestido era color azul oscuro de algodón hindú, comprado en un tianguis. De segunda mano, sospecho. ¿Y? pregunté. Te acercarías el violonchelo, y abrirías las piernas y te abanicarías, suavemente,  con el vestido. Degenerado. No, falta, dijo. ¿Ah sí? Sin calzones, agregó y  le arrojé el vestido a la cara al cretino.


6 de noviembre de 2013

LOS NUEVOS PERIODISTAS

TURBOCRÓNICAS
LOS NUEVOS PERIODISTAS

MARCO AURELIO CARBALLO (MAC)

Así que por mi neurosis las horas siguen de 60 minutos y los días de 24 horas. Selecciono con rigor lecturas y películas. Dejé los tres pálidos jaiboles diarios. ¿Mi premio? Neurosis, in crescendo, diría el mamón, pertenezca a la etnia mame o no pertenezca. No obstante la neurosis, o justo por eso, al quimioterapiado lo acosan los temas.  
El colmo fue enterarme de la muerte del querido amigo y colega Raúl Torres Barrón. Me neuroticé porque a fines del siglo veinte existía el mito en el gremio de que la gente palmaba de tres en tres si era del mismo gremio. así que, dije ¡sigo yo! A causa del orden alfabético siempre estoy entre los primeros de la lista. Sentí descargas vitriólicas de neurosis, a causa de mis trabajos inconclusos. Metido en la revisión del undécimo mamotreto, antes de que me trepanaran, el tumor creciendo, escribí la primera versión del duodécimo con el título provisional de “Diosas de radiante pubis”.  Falta pulirlo y barnizarlo un año. El texto… A punto de escribir la turbo “Tribulaciones de un cabeza hueca” me asaltó la idea del mamotreto 13, quizá no una novela y sí un mamotreto de trescientas a quinientas páginas, la recopilación, seleccionada de modo riguroso, de mis crónicas y turbocrónicas. Me llegó idea y título: “Los nuevos periodistas”.
Y ¿qué creen? ¡Ring!, ¡ring!, ¡ring! Mis hermanos María Eugenia y el menor, el “shunco”, Enrique el Húngaro querían confirmar si yo estaba moribundo. Enrique pertenece a mi etnia. Húngaro es un sobrenombre de cuando él jugaba futbol. Efectivo y elegante, dicen. Así conocí mi estado de salud. Inoportunos, porque no decido aún mi epitafio: “¿No que no?” “Por fin libre” y “Disculpen si no me levanto”, mi preferido, de Groucho, Marx, epitafio manoseado por sus admiradores. Luego hablaron amigos. ¿Contestaba o pensaba en la estructura del nuevo mamotreto. Ganó mi vocación, obsesión. Destino, según Borges.


23 de octubre de 2013

MORIBUNDO SIN SABERLO

TURBOCRÓNICAS

MORIBUNDO SIN SABERLO.TRIBULACIONES DE UN CABEZA HUECA
MARCO  AURELIO CARBALLO (MAC)

para la doctora Bárbara Nettel y para Patricia Zama (a) la Princesa Petunia Flowers, que me salvaron la vida desde dos ángulos: CEREBRO Y CORAZÓN.

Queridos parientes y amigos: el doctor Rodea, de oncología del IMSS, informó, les cuento, el martes 8 de octubre de que pasé del cuarto ciclo al quinto en el tratamiento a base de quimioterapia. Después de 35 sesiones de rayos atómicos de la radioterapia, serán  seis  ciclos de quimio, en principio.  Empecé el quinto ciclo el miércoles 9 de octubre. Cinco cápsulas de temozolamida, un total de 260 miligramos diarios durante 5 días. Descanso 25 días del mes. Y valoran si aguanto otro.
El viernes 11 de octubre me hicieron una resonancia magnética para determinar, el 15 de octubre, si el tumor se fue mucho pal carajo. Eso me lo informaría la doctora Bárbara Nettel. Ella me operó el 23 de enero del 2013. La doctora  ordenó ese otro estudio para el 4 de diciembre de este 2013. Cualquier cosa que signifique eso. Ella es originaria de Tapachula, Chiapas y una prima hermana suya escribe cuentos y ha ganado premios internacionales. Grandiosas señales, ¿eh?
La doctora Nettel dijo que el tumor medía siete punto once centímetros de largo, cinco punto cincuenta y seis de alto y cinco punto cuarenta y uno de ancho. Pregunté su forma. Elipsoidal, dijo. Esa forma, ¿la remitía a cosa conocida? Puso en la pantalla de su compu imágenes de la resonancia  magnética pero no les hallé parecido a nada. Le pregunté a la princesa Petunia Flowers “Parece una chirimoya”, dijo ella, pregunté a qué se parecía la chirimoya. A una guanábana, dijo, o a una piña… En todo caso guanábana o piña fea, dije. Las más feas vistas en mi vida. Cabeza hueca no consiguió el peso del tumor.. ¿Para qué? Para saber cuántos gramos de sesera le había robado el mal.

MORIBUNDO SIN SABERLO

TURBOCRÓNICAS

MORIBUNDO SIN SABERLO.TRIBULACIONES DE UN CABEZA HUECA
MARCO  AURELIO CARBALLO (MAC)

para la doctora Bárbara Nettel y para Patricia Zama (a) la Princesa Petunia Flowers, que me salvaron la vida desde dos ángulos: CEREBRO Y CORAZÓN.

Queridos parientes y amigos: el doctor Rodea, de oncología del IMSS, informó, les cuento, el martes 8 de octubre de que pasé del cuarto ciclo al quinto en el tratamiento a base de quimioterapia. Después de 35 sesiones de rayos atómicos de la radioterapia, serán  seis  ciclos de quimio, en principio.  Empecé el quinto ciclo el miércoles 9 de octubre. Cinco cápsulas de temozolamida, un total de 260 miligramos diarios durante 5 días. Descanso 25 días del mes. Y valoran si aguanto otro.
El viernes 11 de octubre me hicieron una resonancia magnética para determinar, el 15 de octubre, si el tumor se fue mucho pal carajo. Eso me lo informaría la doctora Bárbara Nettel. Ella me operó el 23 de enero del 2013. La doctora  ordenó ese otro estudio para el 4 de diciembre de este 2013. Cualquier cosa que signifique eso. Ella es originaria de Tapachula, Chiapas y una prima hermana suya escribe cuentos y ha ganado premios internacionales. Grandiosas señales, ¿eh?


16 de octubre de 2013

FRAGMENTO 4



Turbocrónicas
FRAGMENTO 4
de “El último Protomacho, Creativo y Perfeccionista en el País de las Colas sin fin y las Narices de Mango”, novela de
MARCO AURELIO CARBALLO


A Papito Leo, ebrio, le pregunté por qué se casó. Pudiste haber seguido tu camino, y yo el mío, le dije. Ay, Petacona, qué cosas dices, dijo él. Algún día iba a casarme. Pudiste esperar a una mujer sin grandes petacas y con mayores prendas intelectuales, insistí. No te azotes. En el despacho todos eran casados. ¿Cómo rezagarme?
¿Estaba don Superbuenasmaneras perdiendo oportunidades de socializar en pareja? Nada. Mentira. Se reunían sin esposa. Los viernes a beber porque sí y los sábados a ver el boxeo.
Él y sus amigos disponían de una mesera abusada gracias a los electrochoques que le aplicaban, vía las torturas mentales. Eso sí, con permiso para ir a comprar cigarros, hielo o trago…
El primer infarto, el cerebral, le dio a Papito Leo durante los minutos de una salida mía a la esquina, corriendito, a comprar hielo. Me regañaba, iracundo, si no tenía al alcance la parafernalia completa de su borrachera a tope. Olvídese del corriendito...
Hacía las compras cuando ya estaban todos, o lo ponía de mi sueldo. Si cualesquiera de ellos sacaba el dinero de su bolsa, al ver que yo atrasaba el cumplimiento de ir a la esquina por lo que fuera, Papito Leo me daba el dinero simulando una generosidad inexistente. En esas compras, me quedaba con el cambio para recuperar algo. Humillante.
Gracias a los Gandini, a la vecina, y al exfutbolista restaurantero, su exmarido, argentinos que aparecieron en el reducido panorama desértico de nuestra vida, gasté ya sólo en cubitos de hielo. La vecina nos informaba de que habían llegado las vituallas. Así las llamaba, vituallas y hubiera alcanzado como para un batallón de agotados guerreros hambrientos.
Leo y el señor Gandini fijaron un día quincenal, uno antes de la cita con los amigotes de papito porque así convenía a Leo. Esos amigos llevaban su propia botella de vodka o de whisky porque no todos bebían cubas con pécsis, y si hacían el intento o la finta de cooperar para la compra de la botana, Papito  Leo lo impedía.
Al acabarse la botella, yo iba a la tienda por otra, previo pago, y por cigarrillos y papas y pistaches.


9 de octubre de 2013

NIDO DE ERRATAS

TURBOCRÓNICAS
MAC
NIDO DE ERRATAS



Maestro Gonzalí: fue un error, y podría agregar “de dedo” o “dedazo”. Al descubrirlo una ola de neurosis me cayó encima. ¿Cómo era posible semejante calamidad? “Calma”, dijo la Princesa Petunia Flowers, con vela en el entierro porque me hace el favor de enviar las turbo y, según el trillado refrán: “Tanto peca el que mata la vaca” etcétera… Corrí a expurgar el tercer fragmento de mi mamotreto, y ahí estaba el piojo, la execrable garrapata. Quinto párrafo primera, línea: “El terremoto no es simple reacomodo de las capas teutónicas… etcétera. ¿Cómo escribí teutónica y no tectónica? Increíble. Si no reconocía el error responsabilizaría a la Princesa, nada caballeroso. O acepta la errata o la corrección de una palabra bien escrita! Imposible. La ola de neurosis me ahogaba. ¿cómo sacudírmela? Ni justificación ni argumentos. Negué mi culpa. ¿Cómo demontres no saber que es tectónica si procedo de zona sísmica? De recién nacido, casi, casi me vomitó el volcán Tacaná. Los temblores mecían mi cuna.  En lugar de termómetro me checaban (del verbo to check) con la escala de Nercalli). ¿Cómo no saber de lo teutónico si mucho de la tierruca ha sido teutón gracias a la colonia alemana, y porque supe de las familias Newman Luethe Henkel, Edelmann, Schlamme, Sell, y de mis autores favoritos: Gunther Grass Thomas Bernhard, Thomas Mann, Henrich Boll, Herman Hese, Herta Muller, Nietzsche, etcétera.

Volví a la compu por mi defensa. Lo que fuera para justificar la errata. La letra “t” está cerca de la “u” pero no de la “c”. Ya no te tortures, decía, buena onda, la Princesa. Mientras yo graznaba que un jefe de redacción me habría corrido, dudando de mi cobertura de terremotos en tres países. La Princesa me arrancó una sonrisa al recordar el título “Nido de Erratas” y también la anécdota según la cual el equipo de correctores de una editorial propuso publicar en cada ejemplar el epígrafe: “En este libro no hay erratas” y cuando se publicó en el primero apareció “eratas” en lugar de “erratas”.         Tú mismo dices: no hay texto perfecto, dijo ella. Pero hay de imperfecciones a imperfecciones, dije.